• Apoyar no es aplaudirlo todo, Maria Corina.

    María Corina Machado critica el papel de España ante Venezuela: “La historia juzgará”

    He defendido a María Corina Machado en múltiples ocasiones. La defiendo hoy y la defenderé mañana frente a la nausabunda dictadura en la que se ha convertido el gobierno venezolano. Ojalá sea presidenta de Venezuela y consiga lo que parece hoy casi imposible: unir a un país roto, exhausto y castigado. Precisamente por ese respeto y ese apoyo, me siento también en la obligación de decir algo cuando no estoy de acuerdo.

    Y no lo estoy con unas declaraciones recientes realizadas tras recibir el Premio Nobel de la Paz en Suecia.

    María Corina agradeció —con razón— al pueblo español, a la sociedad civil, a los medios de comunicación y a la acogida que España ha dado a cientos de miles de venezolanos. Hasta ahí, nada que objetar. Es verdad. Es justo. Es compartido.

    El problema vino cuando, al referirse al Gobierno español, dejó entrever que “algo había faltado”.

    Y no. Ahí no puedo estar de acuerdo.

    Porque es injusto

    España, su gobierno presidido por Pedro Sánchez, ha concedido residencia y protección legal a más de 400.000 venezolanos en los últimos años. Ahí es nada. Gracias a eso han podido trabajar, cotizar, vivir con dignidad, acceder a sanidad pública, escolarizar a sus hijos y, en muchos casos, literalmente salvar la vida.

    No hablamos de discursos ni de gestos simbólicos. Hablamos de papeles, de derechos y de oportunidades reales.

    Mientras tanto, en otros países que algunos idealizan —Estados Unidos, sin ir más lejos— se están expulsando venezolanos, incluso personas que llevaban años asentadas, trabajando y construyendo su vida. Se criminaliza colectivamente, se cierran puertas y se rompe lo que ya estaba hecho. Esa es la realidad, aunque incomode decirla.

    Comparado con eso, España ha sido —objetivamente— un país generoso y responsable.

    Gobernar no es opinar desde Twitter

    Aquí viene el segundo punto, quizá el más importante.

    Cuando uno dirige —o aspira a dirigir— un país, no habla solo desde la emoción, la ideología o la justicia moral. Gobierna en un tablero complejo: intereses geopolíticos, equilibrios diplomáticos, economía, energía, seguridad, relaciones internacionales.

    Las declaraciones contundentes gustan mucho desde la oposición. Desde el poder, a veces, simplemente no son posibles. No porque falte valentía, sino porque sobran responsabilidades.

    Conviene recordarlo hoy, para no olvidarlo mañana.

    Una segunda oportunidad que cuenta

    Hay cientos de miles de venezolanos en España que saben perfectamente qué significó esa acogida. Saben lo que habría sido de ellos sin acceso a una sanidad pública cuando en Venezuela faltaban insumos básicos. Saben lo que supone poder trabajar legalmente, pagar un alquiler, tener médico y futuro.

    España también se ha beneficiado de ellos: de su trabajo, su talento, su cultura y su empuje. Ha sido una relación de ida y vuelta. Y eso merece ser dicho.

    Al César lo que es del César

    Apoyar una causa justa no implica renunciar al criterio propio. Defender a una líder no obliga a aplaudir cada frase. Al contrario: la madurez democrática empieza cuando somos capaces de reconocer los aciertos… incluso de quienes no nos gustan políticamente.

    Y aquí el acierto es claro: el Gobierno español sí estuvo a la altura con los venezolanos. Y la historia lo comprobará.

    Por eso, desde el respeto y desde el apoyo, digo con claridad que no comparto esas declaraciones. Ser justos también es una forma de hacer política. Y suele ser, además, la más inteligente.

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  • De las frases manoseadas: hartito.

    Hay una nueva especie urbana —entre influencer y vendedor de crecepelo emocional— que ha desarrollado su propio dialecto. Superan a los políticos en su arte: no dicen nada, pero lo dicen con una convicción que tumba. Son los gurús digitales y sus entusiastas discípulos, repetidores profesionales de frases que alguna vez significaron algo y que ahora solo sirven para torturar conciencias fatigadas. Y sí: estoy muy harto de ellas.

    La primera reliquia lingüística es “procrastinar”. Antes uno simplemente posponía lo que le aburría. Ahora parece un pecado capital, como si el Vaticano hubiese abierto una diócesis de productividad. Vivimos obsesionados con exprimir cada minuto y, paradójicamente, eso nos lleva a no hacer ni lo básico. La felicidad se nos escapa entre tareas pendientes y aplicaciones que nos recuerdan todo lo que no hicimos.

    Luego llega la hostia consagrada del discurso moderno: “aportar valor”. Qué nostalgia de aquella mili donde el valor se presuponía sin necesidad de PowerPoints. Hoy el valor no se tiene: se declara, se sube a stories, se monetiza. Un espectáculo tragicómico: personas intentando parecer valiosas porque alguien les convenció de que no lo eran de entrada.

    Pasamos al “100%”, la pegatina tribal. Ya no estamos de acuerdo: pertenecemos. El “100%” es el voto afirmativo de quienes no se atreven a argumentar, pero quieren pertenecer a un club de gente que se aplaude mutuamente.

    El festival sigue con “me voló la cabeza”, frase que en otro tiempo habría requerido dinamita y un pelotón de fusilamiento. Hoy basta un vídeo mediocre o una idea con dos verbos más de los previstos para que Internet declare un estado de iluminación permanente.

    En la cima del Himalaya motivacional aguardan “sigue tu pasión” y “encuentra tu propósito”, las dos brújulas que nunca apuntan al norte. Frases que permiten a cualquiera confundirse con mística new age y justificar decisiones que, vistas desde fuera, parecen un suicidio intelectual.

    La cronología del ego culmina en “dejar un legado”: plantar un bonsái, escribir un libro mediocre o abrir un canal de YouTube ya es, al parecer, trascender la biología humana. La biología, que era simple, queda obsoleta ante esta ambición delirante de querer que te recuerden quienes aún no han nacido.

    Y llegamos, con música dramática, a “sé tu mejor versión”: la encíclica del perfeccionismo. No se permiten días malos, ni bostezos, ni tardes sin épica. Todo debe ser espectacular, eficiente, edificante. Porque, claro, si flojeas, no solo no aportas valor: tampoco dejas legado.

    El resultado es un cóctel perfecto: frustración servida sobre una cama de autoexigencia, con una rodajita de ansiedad y medicación al gusto.

    Buenas tardes a todos.

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  • 20N: Cuando el pasado es un espejo y el futuro una oportunidad

    “Los tiempos difíciles crean hombres fuertes;

    los hombres fuertes crean tiempos fáciles;

    los tiempos fáciles crean hombres débiles;

    y los hombres débiles crean tiempos difíciles.”

    Hay frases que parecieran escritas para recordarnos que nada es lineal. Y empiezo con ésta porque, siendo sincero, ni siquiera tengo claro por qué estoy escribiendo este artículo. Con los años me he vuelto una persona cada vez más despolitizada, y aquel optimista recalcitrante que fui se transformó en un pesimista muy a regañadientes.

    Pero la política —la de verdad, la que tiene que ver con convivir— siempre acaba llamando a la puerta. Porque el ser político habita en nosotros, a veces de forma consciente y otras más escondido, pero está ahí. Y en este 20N, cincuenta años después, uno no puede evitar la sensación de estar asistiendo a una tergiversación interesada de un debate que merece más calma, más rigor y, sobre todo, más verdad.

    La palabra de moda es “polarización”. Cuando yo era niño, la polarización hacía referencia al Polo Norte y al Polo Sur: dos extremos del mismo planeta. Hoy no describe lugares, sino trincheras. Las nostalgias selectivas en cada presunto bando no construyen nada, salvo rencor.

    Por cierto, del que se aprovechan bien los que vienen a pescar a río revuelto.

    Yo no nací con la idea de un “Franco malo”. Nadie me la inculcó. Lo que pienso hoy viene de escuchar, de leer, de pensar y, sobre todo, de ponderar testimonios y lugares que ofrecieron realidades incontrovertidas, objetivas y no selectivas.

    Una de mis primeras viviencias siendo muy niño fue la de un educado y cariñoso taxista que nos llevo a una visita turística al Valle de Los Caídos, cuando yo no sabía muy bien lo que era ni en qué consistía ese lugar. Y para un crío educado en un colegio católico, como era yo en aquel entonces, resultó chocante ver a ese señor tan amable pisar una tumba que había allí, la de un tal Franco.

    Me quedé atónito y le pegunté porqué hacía eso… Me respondió con una tranquila contundencia que porque no había podido hacerlo en vida… Fue una cosa de esas que se te quedan rondando en la cabeza durante años, y de la cual tiras para aprender, y ponderar…

    Ponderación es lo contrario de polarización. Y si algo escasea en estos tiempos, es precisamente eso. 

    Ser de izquierdas y creer que la República fue un paraíso es tan ingenuo como ser de derechas pensando que el franquismo fue una edad dorada. Aquella cayó por sus propias grietas, las que cavaron los suyos, y  Franco aprovechó ese caos para imponer orden, y quien pone orden, manda. Es así de simple. Sin épica. Sin maquillaje.

    Pero lo grave hoy es que, tras 50 años de avances democráticos, modernización, acuerdos y convivencia, estemos dispuestos a cuestionar logros que costaron décadas construir.

    Lo que España necesita no es nostalgia, sino recuperar el centro político, ese equilibrio que permitió la Transición, y abrir paso a una sociedad en la que nuevas generaciones participen de los asuntos públicos desde la coherencia, la ponderación y la ética.

    Ayer escuché a Felipe González en el acto del 50 aniversario de la monarquía parlamentaria y dijo algo que, a mi juicio, es esencial:

    “El cometido principal de España es la paz civil, con tres pilares: la libertad política, la equidad social y la diversidad cultural y territorial. Las tres van necesariamente de la mano para una convivencia fructífera.”

    Es ese equilibrio —tan elemental, tan sensato— el que estamos perdiendo entre tanto ruido.

    Cada año, los medios rescatan testimonios, recuerdos y anécdotas del 20N. Pero la cuestión no es qué hacían otros aquel 20 de noviembre de 1975, sino qué hacemos hoy con esa memoria.

    El pasado puede ser un arma o puede ser un espejo. Un arma divide y deforma. Un espejo nos obliga a vernos como somos y a decidir quién queremos ser.

    España ha avanzado más en estas cinco décadas que en siglos anteriores: libertad, crecimiento, derechos, infraestructuras, modernización, Europa, convivencia. No hay por qué mirar hacia atrás con miedo ni con romanticismo. Hay que mirarlo con madurez.

    Lo valiente no es intentar repetir un pasado conveniente. Lo valiente es construir un futuro que no repita ninguno de los errores.

    Somos una generación que no vivió aquella fecha, pero vive sus consecuencias emocionales, políticas y culturales. Y tenemos una responsabilidad gigantesca: coser un país que otros han empezado a descoser desde sus atriles, sus redes y sus consignas.  Coser implica básicamente escuchar sin gritar y disentir sin destruir. Y lo que es determinante: anclar los puntos en común, que los hay siempre.

    No se trata de volver al 78 sino de recuperar su espíritu: la idea de que convivir merece más la pena que vencer. Y al mismo tiempo, construir una sociedad nueva, donde las nuevas capas sociales participen del poder desde la competencia, la ética y la coherencia. Sin tutelas. Sin trincheras. Sin miedo.

    Si seguimos siendo capaces de mirarnos con honestidad, de reconocer lo que fue y lo que no fue, de aceptar que convivir vale más que vencer… entonces sí, este país tiene por delante otros 50 años mejores que los 50 que dejamos atrás.

    Y eso, en tiempos como estos, ya es una forma de esperanza.

    José Balmori.

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  • Mirador de San Pedro.  Llanes, Asturias.

    En un mundo que grita, la perspectiva es el único silencio que importa. Levantar la mirada, subir al faro, asomarse al telescopio… da igual la metáfora: sin perspectiva no sabes a dónde vas. Y sin foco, no llegas.

    Los objetivos solo tienen sentido cuando nacen de los valores. Porque los valores son la guía que no falla, la que no se mueve aunque cambie el viento. Desde ahí se decide todo: qué metas merecen la pena y cuáles son puro ruido. La perspectiva te señala el rumbo; el foco convierte el rumbo en acción. Y sin acción, cualquier meta es solo un sueño de sobremesa.

    Pero hay un punto que nadie te cuenta:
    al final del día, toca mirar al tipo del espejo. Él es tu mejor aliado… y tu peor enemigo. Nadie te va a mirar mejor que tú, pero si no lo haces con honestidad, no podrás hacer nada con él. Y sin eso, no hay perspectiva, no hay foco y no hay avance.

    Mírate bien. De ahí empieza todo.

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  • Creatividad como Antídoto Frente al Dogmatismo Ideológico

    Una necesaria reflexión extraída de un excelente artículo .

    Os dejo también enlace completo.

    Título: Neuropolítica – Viaje al origen del fanatismo ideológico
    Fecha: 23/09/2025
    Fuente: El Mundo (Papel – Historias)
    Autor/a: Patricia Bolinches
    Enlace: https://www.elmundo.es/papel/historias/2025/09/23/68d2c5f1e4d4d8a2568b45ab.html
    Etiquetas: Política, Neurociencia, Psicología, Radicalismo, Sociedad


    El ensayo El cerebro ideológico de Leor Zmigrod abre una ventana a la mente radical: cómo el estrés, la biología y las redes sociales nos empujan hacia pensamientos rígidos y dogmáticos. Frente a esta deriva, la creatividad y la flexibilidad mental aparecen como antídotos. Una lectura imprescindible para entender la polarización actual.

    Ideas clave:

    • Estrés como detonante del pensamiento radical.
    • Rigidez cognitiva = dogmatismo.
    • Ideologías = narcótico frente a la incertidumbre.
    • Redes sociales = ecosistema de radicalización.
    • Creatividad y flexibilidad = herramientas contra el fanatismo.

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  • 20 cosas que no me contaron bien con 20 años.

    Cuando «Dookie» salió al mercado, Green Day lo petó, y era mi disco de cabecera, que escuchaba dentro de los últimos walkman que tenía. Y parecía moderno…

    Si hubiera sabido 25 años después que pagando 10€ tendría casi toda la música disponible en algo llamado Spotify no lo habría creído.

    Todo cambia tan rápido que necesitamos un poco de raiz y estructura para el futuro.

    He aquí solo 20 cosas que no me contaron, o que quizás no quise escuchar y hoy le diría a cualquiera con 20 años.

    1. La salud es tu activo más importante. Dormir bien, comer mejor y moverte no son consejos de tu abuela. Tampoco necesitas burppees ni decir gilipolleces al mismo tiempo. No me malinterpretes, comer porquería está bien siendo joven, pero no seas prediabético con 30.
    2. No necesitas impresionar a todo el mundo. Es más, nadie lo necesita.
    3. El dinero no lo es todo, pero sin dinero tampoco hay libertad. Aprende a administrarlo pronto. Quien te diga que el dinero no es importante es porque no lo tiene, y quiere que te rebajes a su nivel. Olvídalo.
    4. El fracaso no matapero conviene quedar algo vivo. No seas un tonto motivado. Solo con motivación no se avanza. Hoy día el conocimiento es importante y lo tienes al alcance de tu mano, seas de Infiestu o de Nueva York.
    5. Rodéate de gente que te haga crecer. Si estás rodeado de merluzos adivina tu destino. Si te rodeas de gente inteligente, algo al menos te quedará. Si te quedaste solo, vuelve con los merluzos, quiere decir que tu también lo eres.
    6. Decir “no” es un superpoder. Cuanto antes lo uses, menos tiempo perderás en lo que no quieres. Busca en internet el «coste de oportunidad»: evalúa las cosas pensando qué dejas de hacer si las haces. Y pondera.
    7. El amor propio no se negocia. Si no te respetas tú, nadie lo hará. Y encima se reirán de ti.
    8. Viajar y leer abren más puertas que cualquier máster. Trata de irte 3 días a donde te de la gana una vez al año, y hazlo solo. O sola. Ordena tus ideas. Y, si tienes huevos, vete tres meses a que te exploten y aprendas un idioma de una vez coño. Y si es inglés mejor. Sacarás más conclusiones de eso que de todas las borracheras de un ERASMUS.
    9. Tu carrera profesional no define tu vida entera. Puedes cambiar de vida, pero tendrás que reciclarte, y eso lleva esfuerzo. No tengas miedo pues hoy día todo cambia rápido. No hay certidumbres.
    10. El talento sin disciplina no sirve. La constancia es lo que marca la diferencia.
    11. Aprender a escuchar vale más que hablar, sobre todo si no tienes nada mejor que decir.
    12. Invertir en experiencias, no en cosas. Lo material caduca, los recuerdos te acompañan siempre. Pero si te gusta un buen coche y es tu sueño, cómpralo con cabeza. Y por cierto, manda a tomar por el saco al amigo que te dice que cuando sale del concesionario vale un 50% menos. Echa a los cenizos de tu vida ya.
    13. No todos estarán contigo cuando triunfes. Y está bien: no son tu gente. Tu gente es la que estuvo antes.
    14. Ahorrar desde joven multiplica tu libertad futura, aunque esto es bien jodido de entender por la inmadurez. Edúcate en finanzas. Casi nadie lo hace. El resultado es la pobreza, sobre todo mental.
    15. Aprende a cocinar lo básico. No comer mierda todo el tiempo te salvará la salud, el bolsillo y hasta el corazón. Así, de vez en cuando, podrás comer mierda.
    16. Las pandillas de acaban, siempre. Tu ritmo, tus objetivos y tu vida es tuya, no de tu amigo ni tu familia. No acabes hablando de electrodomésticos en una cena o de la seire de Netflix. Vale más que te manden a Camboya a combatir.
    17. Equivocarte con gente equivocada es parte del camino. Pero coño, no seas membrillo y repitas siempre.
    18. La pasión cambia, y está bien. No te cases con una idea de ti mismo demasiado pronto. Vivirás varias vidas en una, y habrá cambios. Salvo que seas un tonto lápiz que no ve más allá de su calle.
    19. Ser valiente no significa no tener miedo. Significa avanzar a pesar de él.
    20. Di lo que te de la puta gana, con el solo límite de no molestar por molestar. Pero no calles a los cuñados de turno. Como dice Pérez Reverte: no hay que temer a los malos, hay que temer a los tontos. Líbrate de ellos, sean quienes sean. Quita a los ofendiditos de tu vida inmediatamente.

    CONSEJOS VENDO Y PARA MI NO TENGO.

    Nunca te fíes de quien te los de.

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  • Hay preguntas que, aunque parezcan obvias, nos descolocan. Una de ellas es: ¿para qué sirve la libertad?

    Muchos pensarían que la respuesta está ya escrita en la Declaración Universal de Derechos Humanos: la libertad es un derecho esencial, inalienable, el punto de partida de toda vida digna. Y sin embargo, en pleno siglo XXI, esa libertad está siendo cuestionada, limitada, e incluso manipulada.

    Algunas corrientes ideológicas nos dicen que la libertad solo tiene sentido si está garantizada por el Estado, como si ser libre dependiera de que alguien nos conceda lo que necesitamos. Según esa mirada, la libertad no es un derecho natural, sino una especie de “regalo” condicionado al bienestar material que otros nos puedan asegurar.

    Pero yo creo que ahí está el error. La libertad no es algo que se otorga, es algo que se posee. No es una concesión, es una cualidad de ser humano.
    Por eso, cuando alguien pregunta: ¿Libertad para qué?, la única respuesta honesta y profunda es: para ser libres.

    Ser libres no necesita una explicación sofisticada. Significa poder elegir, equivocarse, soñar, amar, decidir el rumbo de tu vida. Significa poder hablar sin miedo, creer o no creer, construir tu propio destino.

    La libertad no necesita justificarse en beneficios ni utilidades. Lo único que necesita es apoyo, cuidado y defensa. Porque cada vez que se limita en nombre de una promesa de seguridad o igualdad absoluta, perdemos un pedazo de lo que nos hace humanos.

    Hoy, más que nunca, necesitamos recordar que la libertad no es un lujo, ni un premio, ni un privilegio. Es la base sobre la cual podemos ser nosotros mismos.
    Y por eso, defenderla siempre será el acto más humano y más valiente.

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  • 🚨 ¡Último día para apuntarse! 🚨

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  • De vez en cuando la música te da la parte que te falta, al menos a mi me funciona casi siempre. Y se de clásicos de los que tirar. Pasa igual que cuando relees algo que te encantó.

    La diferencia está en que el contexto no es el mismo, y el significado cobra otro sentido.

    Si no te motiva esto, puedes mirártelo bien. o quizás no importe.

    Disfruta de la canción. Adrenalina pura.

    Creo que voy a empezar a darle caña a este blog, y a volver a escribir.

    Será terapia, necesidad o simple vocación frustrada.

    «“We wanna dedicate this song to the people that try to hold you back, the people that tell you how to live, people that tell you how to dress, people that tell you how to talk, people that tell you what you can say and what you can’t say. I personally don’t need that, I don’t need that s— in my life. Those are the kind of people that have been getting me down. They make me feel like somebody, somebody out there is out to get me!”

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  • Hace apenas una semana recibí a Antonio y a Luisa en mi restaurante, comieron con dos de sus inseparables amigos, Eduardo Donaire y Valentín Prieto. Comida “metálica”, como diríamos en el argot. Fue realmente ahí, después de un mes sin verle, cuando me di cuenta de que quizás sería nuestra última vez, aunque a uno le cueste creerlo y se aferre instintivamente a lo contrario.

    Una vez sentado para el café me apeteció sacar una foto del momento. Renuncié a hacerlo para que a él no le pareciera que pedía una última. Al salir del Puerto, le ayudé a salvar un pequeño obstáculo para la silla de ruedas. Me despedí sin decir nada para que no pareciera ser una última vez. Los que nos creemos duros siempre intentamos aparentar otra cosa. Intenté apestar a normalidad con un “Venga Antonio, nos vemos”. Y fue cuando me respondió con un gran aplomo: “Jose, nos seguimos viendo…”.

    Ya conocía esa fuerza, por lo que no me sorprendió. Lo dijo con una naturalidad tajante, como le recuerdo siempre cuando decía las cosas importantes, restando dramas y circunloquios, y allanando el camino para la siguiente estación.

    Porque Antonio siempre fue así, intentando reducir y resumir las situaciones a la parte por donde se podían y se debían abordar, o atacar si hiciera falta, sin melodramas baratos ni pantomimas al uso.

    La entereza con la que llevó su enfermedad no fue una excepción. Porque con él aprendí a digerir las situaciones complejas a límites digeribles, para poder ordenarlas y resolverlas, diseñando una estrategia y un plan de acciones reales, apuntadas en libretas exhaustas que se sucedían infaliblemente.

    Mi primer día con Antonio fue el de recibir una libreta y un bolígrafo para apuntar todo lo que había que hacer. Método tan poco tecnológico como inapelable. “Tu primera tarea va a ser llevar el salvamento”, y de ahí a planificar reuniones con Cruz Roja y marcar objetivos claros. Ese año conseguimos que no hubiera víctimas en las playas después de algunos años. “Me dejas darles a los chavales de Salvamento una cena de agradecimiento?”. Todavía resuenan los ecos de la misma con todos los socorristas en fin de temporada para celebrarlo. Éramos insultantemente jóvenes…

    Trabajar con Antonio era como ir en un Fórmula 1 sin solución de continuidad. Una vez te subías, entrabas en modo competición sí o sí. Su pasión contagiaba a colaboradores y masas enteras de personas en torno a un fin. Era un líder natural y bajarse del carro y claudicar no era una opción para él. Tal era su determinación de cumplir un objetivo que daba igual cuán largo fuera el camino y cuán incomprensible a veces.

    Todavía recuerdo los primeros teléfonos móviles, auténticos mazacotes, dentro de su Opel Astra gris. Yo como copiloto y él con uno en una mano, el volante en la otra y el puro en la boca mientras hablaba. Calefacción a tope, lluvia y horas interminables desde Oviedo a Llanes. Pura aventura N-634. De aquella no estaba prohibido, hoy sé que no lo haría, pero todo eso era puro rock and roll.

    Aprendí cómo se negociaba en el Principado. Cuando quería algo para Llanes, recorría desde el último jefe de Servicio o de Sección si hiciera falta, pasando por el director general y hasta llegar al consejero mismo para hablar del mismo tema, y si intuía que algún “currito” también era importante se dejaba caer por allí. Dialogaba e iba con argumentos preparados ante posibles negativas. Y como martillo pilón, semana tras semana (“hoy toca ir a Oviedo”), Antonio se dejaba caer con sus proyectos e ideas ante el apurado nerviosismo de quien le tocara. Todavía recuerdo algún estruendoso puñetazo en la mesa defendiendo un proyecto hoy hecho realidad. Nunca aceptó ninguneo chusco ni politiquero alguno, o que le intentaran tomar el pelo sin argumentos. La burocracia lo temía y eso era lo que más me gustaba.

    Cuando estaba en el ayuntamiento era lo mismo. Solo había que ver el rosario de personas esperando a las puertas de la alcaldía o de cualquier oficina esperando ser atendidas. Esa era norma general para él y su obsesión. Recibir a gente de derechas, de izquierdas, de centros o a gente sin ideas. Eso es así, y más de una vez me preguntó si no me parecía que había poca gente en el ayuntamiento últimamente: “si no hay gente en el ayuntamiento, algo estamos haciendo mal, es que algo no estamos resolviendo. Si la gente deja de venir es porque no confía en nosotros…”. Tenía jodido sentido eso.

    Entonces no existían estúpidas mamparas de protección de políticos y funcionarios ante los vecinos, citas interminables e ininteligibles de no sé cuánto tiempo a comodidad del administrador, ni existía todavía el subterfugio del teletrabajo como moderno escaqueo legalizado por el abuso en su uso.

    De Trevín podríamos hablar mucho de sus obras, que hicieron posible el actual puerto pesquero y deportivo, de los primeros polígonos industriales como Posada y Piñeres, de las obras de saneamiento en muchos pueblos, del impulso a las concentraciones parcelarias, de la defensa del sector ganadero y pesquero, de la modernización viaria de todos los núcleos o de hitos turísticos y culturales como Los Cubos de la Memoria o el Festival Llanes al Cubo. También de su apuesta por situar a Llanes como marca turística reconocida a nivel nacional, de las zonas deportivas construidas en el Concejo, la mejora de escuelas rurales o de la construcción del nuevo I.E.S de Llanes. Pero, en mi experiencia, su faceta más importante fue remover la sensación de conformismo secular e inercias de un concejo con grandes posibilidades de futuro, pero que de alguna manera no creía en sí mismo, algo parecido a lo que pasa hoy, en mi opinión.

    Cuando en 2008 recogí su testigo como secretario general de la Agrupación de Llanes tras 20 años en el cargo, sentí esa responsabilidad de conservar un legado para mejorarlo, pero sobre todo de intentar perseguir un futuro que necesariamente siempre es nuevo, y siempre desde un plano político centrado, realista y falto de demagogia, con un proyecto colectivo amplio, de mayorías y no de minorías auto reprimidas. Luego la historia siempre se escribe con renglones torcidos y algunas cosas salieron bien y otras no tanto, pero así es la vida, siempre enseñándonos que no todo está bajo nuestro control.

    Podría decir muchas cosas más de Antonio. Obviamente fue mi padre político y un mentor como pocos. Entendió la política como yo la entiendo, intentado también que los argumentos propios no sean los únicos y recogiendo a veces los del contrario cuando tienen razón, aunque a veces no convenga decirlo, pues justo es reconocer que no siempre todos la tenemos. Los dogmas para quien los quiera.

    Fue una gran suerte conocerle además en lo personal. En los trances duros el teléfono que sonaba siempre era el suyo. Tenía una especial capacidad para hacerlo con cualquiera que lo necesitara, y mucha gente lo sabemos.

    Todos tenemos luces y sombras en nuestra trayectoria, pero sus luces son tan fuertes que alumbran un increíble legado en nuestro concejo y comarca oriental.

    Tan digna fue su vida como digna la lección final que nos dio, plantando cara a la fatalidad que se le venía. Esa es la gran lección y la gran paradoja de la vida, que tarde o temprano siempre se acaba, y por eso no merece la pena vivirse con miedo.

    Gracias Antonio, fue la lección que me faltaba, y queda apuntada en la libreta buena.

    Hasta siempre.

    Francisco José Balmori Póo.

    Ex secretario general Agrupación Socialista de Llanes y ex Primer Teniente de Alcalde de Llanes.

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