¿Por qué necesitamos un eclipse para mirar al cielo?

Días de eclipse. Días de curiosidad colectiva.

Días épicos en los que resucita una curiosidad que parecía casi apagada.

Durante unas horas levantamos la cabeza de nuestro terminal y miramos hacia arriba.

Y contemplamos algo que, por extraordinario que nos parezca, no tiene nada de mágico: es la NATURALEZA.

Ese «polvo de estrellas » que alguien definió que éramos. O que somos.

Un acontecimiento infrecuente y espectacular, pero absolutamente natural.

Nos ayuda a entender que lo extraordinario puede estar en lo simple, en lo básico. En lo natural.

Quizá por eso puede ser un buen momento para preguntarnos por qué debe sucedernos algo extraordinario para volver a sorprendernos.

¿Por qué no convertimos también lo natural en cotidiano, en extraordinario?

Durante años podemos tener sobre nuestras cabezas noches estrelladas y apenas prestarles atención.

Sin embargo,nos anuncian un eclipse y millones de personas vuelven a levantar la cabeza.

¿Cuándo perdimos esa capacidad de observar y sentir?

¿Cuándo dejamos de ver las Perséidas, siempre ahí cada año?

¿En qué momento bajamos la cabeza, encorvamos nuestra espalda y dejamos nuestros ojos atrapados en una pantalla fluorescente que sostenemos plegada anuestras manos?

Quizá necesitemos un eclipse diario.

Quizás vivamos eclipsados.

Ahí siguen sin embargo las estrellas en su noche eterna.

Ahí sigue estando el mar, con o sin bandera.

Ahí siguen las montañas verdes de días soleados.

Ahí siguen las conversaciones, personas, ideas, caminos, proyectos, y todo lo que no necesita de una notificación para existir.

Mirar hacia arriba es, de alguna manera, negarse a vivir permanentemente mirando hacia abajo.

¿Por qué empequeñecer nuestras ilusiones?

¿Por qué políticos, conocidos, desconocidos o simplemente el gilipollas que tenemos al lado nos convencen de no hacer aquello que imaginamos?

¿Por qué conceder a otros semejante poder?

Nuestra curiosidad es una forma de resistencia definitiva.

La curiosidad de preguntarnos qué hay detrás de lo evidente.

La curiosidad de viajar, aprender, emprender, conocer, equivocarnos, volver a empezar.

La curiosidad de mirar más allá de aquello que tenemos justo delante.

Nos dicen qué debemos mirar.

Nos dicen qué debe indignarnos.

Nos dicen qué debe emocionarnos.

Nos dicen qué debemos desear.

Nos dicen incluso qué debemos sentir, como debemos ser o a qué edad jubilarnos.

Nos quieren felices pero idiotas.

Y quizá haya llegado el momento de recuperar algo mucho más sencillo: sentir aquello que realmente sentimos poque podemos hacerlo y vivirlo.

Mirar aquello que realmente queremos mirar.

Pensar aquello que realmente pensamos.

Preguntarnos aquello que realmente queremos saber.

Quizá el cielo tenga precisamente esa capacidad.

Nos devuelve la escala.

O quizás nos devuelve una luz emitida.

Nos produce humildad. Pero también libertad.

Por eso quizá el verdadero acontecimiento no sea el eclipse.

El verdadero acontecimiento podría ser volver a mirar y a sentir.

Mirar el cielo esta noche.

Y mañana.

Y pasado mañana.

Quizá el eclipse solo venga a recordarnos algo mucho más importante.

Puntuación: 1 de 5.


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